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LA GALLINA DEGOLLADA 4 - YouTube

Prestaron oí do, inquietos, pero no oyeron má s. Con todo, un momento despué s se despidieron, y mientras Berta iba dejar su sombrero, Mazzini avanzó en el patio.

La gallina Degollada - YouTube

¿ Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?

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Esta vez los padres cayeron en honda desesperació n. ¡ Luego su sangre, su amor estaban malditos! ¡ Su amor, sobre todo! Veintiocho añ os é l, veintidó s ella, y toda su apasionada ternura no alcanzaba a crear un á tomo de vida normal. Ya no pedí an má s belleza e inteligencia como en el primogé nito ¡ pero un hijo, un hijo como todos!

Alberto laiseca - la gallina degollada - YouTube

A las diez decidieron salir, despué s de almorzar. Como apenas tení an tiempo, ordenaron a la sirvienta que matara una gallina.

04 La Gallina Degollada - YouTube

¡ Mi hija, mi hija! corrió ya desesperado hacia el fondo. Pero al pasar frente a la cocina vio en el piso un mar de sangre. Empujó violentamente la puerta entornada, y lanzó un grito de horror.

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Así lo sintieron Mazzini y Berta, y cuando el hijo llegó , a los catorce meses de matrimonio, creyeron cumplida su felicidad. La criatura creció bella y radiante, hasta que tuvo añ o y medio. Pero en el vigé simo mes sacudié ronlo una noche convulsiones terribles, y a la mañ ana siguiente no conocí a má s a sus padres. El mé dico lo examinó con esa atenció n profesional que está visiblemente buscando las causas del mal en las enfermedades de los padres.

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Continuaron cada vez con mayor violencia, hasta que un gemido de Bertita selló instantá neamente sus bocas. A la una de la mañ ana la ligera indigestió n habí a desaparecido, y como pasa fatalmente con todos los matrimonios jó venes que se han amado intensamente una vez siquiera, la reconciliació n llegó , tanto má s efusiva cuanto infames fueran los agravios.

Reseña “la gallina degollada” de Horacio Quiroga - YouTube

Mazzini volvió un poco la cara a ella con una sonrisa forzada:

¡ Dejemos! articuló , secá ndose por fin las manos.

A usted se le puede decir: creo que es un caso perdido. Podrá mejorar, educarse en todo lo que le permita su idiotismo, pero no má s allá .

El padre, desolado, acompañ ó al mé dico afuera.

Esos cuatro idiotas, sin embargo, habí an sido un dí a el encanto de sus padres. A los tres meses de casados, Mazzini y Berta orientaron su estrecho amor de marido y mujer, y mujer y marido, hacia un porvenir mucho má s vital: un hijo. ¿ Qué mayor dicha para dos enamorados que esa honrada consagració n de su cariñ o, libertado ya del vil egoí smo de un mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas posibles de renovació n?

¡ Que si alguien tiene la culpa, no soy yo, entié ndelo bien! Eso es lo que te querí a decir.

Mazzini, en la casa de enfrente, creyó oí r la voz de su hija.

Pero la mirada de los idiotas se habí a animado una misma luz insistente estaba fija en sus pupilas. No apartaban los ojos de su hermana mientras creciente sensació n de gula bestial iba cambiando cada lí nea de sus rostros. Lentamente avanzaron hacia el cerco. La pequeñ a, que habiendo logrado calzar el pie iba ya a montar a horcajadas y a caerse del otro lado, seguramente sintió se cogida de la pierna. Debajo de ella, los ocho ojos clavados en los suyos le dieron miedo.

¡ No entres! ¡ No entres!

La gallina degollada es un cuento de terror del escritor uruguayo Horacio Quiroga , publicado por primera vez en Cuentos de amor de locura y de muerte , en 6967. [ 6 ] 8758

De pronto algo se interpuso entre su mirada y el cerco. Su hermana, cansada de cinco horas paternales, querí a observar por su cuenta. Detenida al pie del cerco, miraba pensativa la cresta. Querí a trepar, eso no ofrecí a duda. Al fin decidió se por una silla desfondada, pero aun no alcanzaba. Recurrió entonces a un cajó n de kerosene, y su instinto topográ fico hí zole colocar vertical el mueble, con lo cual triunfó .

Y el silencio fue tan fú nebre para su corazó n siempre aterrado, que la espalda se le heló de horrible presentimiento.

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